Después de varias jornadas de calor intenso, la llegada de unos días con temperaturas algo más suaves supone un pequeño respiro para nuestros olivares. En zonas como Escóznar y la Vega de Granada, donde buena parte del olivar es de regadío, este cambio temporal en las condiciones meteorológicas puede ser una buena oportunidad para revisar y ajustar la estrategia de riego.
Pero ¿significa esto que debemos regar más porque hace menos calor? La respuesta, no es necesario. En el olivar, lo importante es observar las necesidades reales del cultivo y aprovechar estos días para aportar el agua que el árbol necesita, especialmente si el suelo comienza a perder humedad en la zona de las raíces.
El olivo también necesita agua en verano
Aunque el olivo es una especie perfectamente adaptada a las condiciones mediterráneas y capaz de soportar periodos de sequía, el agua disponible durante el ciclo del cultivo tiene una influencia importante en el desarrollo del árbol y en la producción.
En los olivares de regadío, una correcta gestión del agua permite reducir el estrés hídrico y mantener la actividad del olivo en los momentos de mayor demanda. Además, durante el verano, cuando las temperaturas son elevadas y la evapotranspiración aumenta, una buena planificación del riego resulta especialmente importante.
Por eso, unos días de temperaturas más suaves pueden ser un buen momento para comprobar el estado de humedad del suelo y ajustar el riego antes de que regresen las temperaturas más elevadas.
¿Es buen momento para regar?
Si el suelo está seco en la zona donde se concentran las raíces activas, estos días pueden ser una buena oportunidad para regar. La menor temperatura puede reducir temporalmente la demanda de agua del cultivo y las pérdidas por evaporación, haciendo que el agua aplicada sea aprovechada de manera más eficiente.
Sin embargo, no debemos interpretar el descenso de las temperaturas como una señal automática para aumentar el riego. La decisión debe basarse en factores como:
- La humedad disponible en el suelo.
- El tipo y la profundidad del terreno.
- La edad y el tamaño de los olivos.
- El sistema de riego utilizado.
- La pluviometría registrada.
- La previsión meteorológica de los próximos días.
- El estado de desarrollo del cultivo.
En definitiva, regar cuando el olivar lo necesita es mucho más importante que regar simplemente porque tenemos unos días de temperaturas más suaves.
En el olivar de regadío, aprovechar bien el agua es fundamental
En un cultivo como el olivar, cada aporte de agua debe formar parte de una estrategia. En sistemas de riego localizado, como el goteo, es importante conseguir que el agua llegue correctamente a la zona de raíces y que el bulbo húmedo tenga una distribución adecuada.
En lugar de realizar pequeños riegos superficiales que se pierden rápidamente, puede ser más interesante realizar aportes que permitan humedecer correctamente el perfil del suelo, siempre adaptando la cantidad de agua a las características de cada parcela y a las necesidades del cultivo.
También es importante recordar que no todos los olivares necesitan la misma cantidad de agua. Una plantación joven, un olivar adulto, un suelo arenoso o uno arcilloso pueden tener necesidades muy diferentes.
Tres días de tregua antes de que vuelva el calor
Cuando sabemos que el descenso de temperaturas va a ser temporal, como ocurre en estos episodios de verano, podemos aprovechar estos días para revisar el estado del olivar y asegurarnos de que el cultivo afrontará adecuadamente el siguiente periodo de calor.
No se trata de «llenar» el suelo de agua antes de que suban de nuevo las temperaturas, sino de mantener una disponibilidad de humedad adecuada para que el olivo pueda continuar su desarrollo sin sufrir un estrés hídrico excesivo.
Una buena estrategia pasa por anticiparse al estrés, no esperar a que el olivo muestre síntomas evidentes de falta de agua.
Cuidar el olivar hoy también es cuidar el aceite de mañana
La gestión del agua es una de las decisiones más importantes que toma un agricultor a lo largo de la campaña. Un olivar bien gestionado, con un riego adaptado a sus necesidades y a las condiciones de cada parcela, puede afrontar mejor las altas temperaturas y mantener un adecuado desarrollo del fruto.
Y todo lo que hacemos en el campo acaba teniendo su reflejo en la aceituna que llega a la almazara.
Por eso, en estos días de temperaturas más suaves, puede ser un buen momento para observar, medir y ajustar. Revisar la humedad del suelo, comprobar el funcionamiento del sistema de riego y planificar los próximos aportes de agua puede marcar la diferencia cuando el calor vuelva a apretar.
Porque cuidar el olivar es también una forma de cuidar el futuro de nuestro aceite de oliva.
Desde nuestra almazara, seguimos acompañando a nuestros agricultores y poniendo en valor el trabajo que hay detrás de cada cosecha.
